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Todas las rosas son la misma rosa, amor, la única rosa. Y todo queda contenido en ella, breve imajen del mundo, ¡amor!, la única rosa.
Yo me moriré, y la noche triste, serena y callada, dormirá el mundo a los rayos de su luna solitaria.
Mi cuerpo estará amarillo, y por la abierta ventana entrará una brisa fresca preguntando por mi alma.
No sé si habrá quien solloce cerca de mi negra caja, o quien me dé un largo beso entre caricias y lágrimas.
Pero habrá estrellas y flores y suspiros y fragancias, y amor en las avenidas a la sombra de las ramas.
Y sonará ese piano como en esta noche plácida, y no tendrá quien lo escuche sollozando en la ventana.
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